Tango por una Cabeza
No son las tardes de domingo lo que duele, ni tropezar con tu ausencia al darme vuelta en la cama. No es la añoranza de tus besos tibios sobre mis sedientos labios ni la humedad de tu sexo empapándome los dedos y la boca. Ni siquiera el calor de tus pies calentando los míos en las frías noches de invierno. Lo que duele, aun sin parecer dolor, son estas enmascaradas ganas de hacer planes, discutir, y saber que tras el enfado seguiremos proyectando nuestros sueños en común, ensamblando tu vida y la mía, haciéndolas bailar seductoramente juntas, como si se tratara de un viejo tango argentino.