LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO
A cinco minutos en ascensor
existen pompas de jabón que son palacios.
Pequeñas burbujas alejadas de la civilización
donde oxigenar estas ansiosas pieles
que esperan
con los poros impacientes
por abrirse de par en par,
mientras se empañan las cóncavas paredes de cristal
con nuestro aliento,
perdiendo definitivamente el mundo de vista tras el vaho.
Te cambio un botón por piso,
tu camisa por mis llaves,
para subir del portal a tu nuca,
de tu ombligo a la cerradura...
Aprieta el botón de emergencia
antes de quedarte en calcetines
desafiando a la gravedad
y a tus modales de niña buena.
De la puerta hasta mi cama
desnudándote a bocaos por el pasillo,
rebotando de pared a pared
y de tu pecho al mío.
El gotelé clavándose en tu espalda,
mis labios rodando
de lunar en lunar,
de tu barbilla al delirio que ronronea en tus caderas.
Desabrocha el botón de tus vaqueros
antes de que salten mis alarmas.
De mi cama
a la redención de tu cuerpo entregado
a los caprichos de mi caprichosa lengua,
buscando,
sin tregua,
los latidos que rugen bajo tu piel.
El muestrario de sabores que salpican tu cuerpo,
aprendiéndome el mapa de la orografía que te completa,
buscando atajos para perderme
en el más largo de tus caminos.
Revienta el puto sonido del móvil
y reviéntame a mí,
que me estoy corriendo en tu boca.
Sigamos jugando a soñar con las manos y los sentidos
antes de que se agote el oxígeno
que queda dentro de esta burbuja y estalle,
y no tengamos más remedio que salir corriendo...
ba
jan
do
de tu ombligo a la cerradura,
del calor de tu nuca al portal,
poniéndote la camisa en el ascensor
y abrochándote,
sin ganas,
un botón en cada piso.

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