OCTUBRE
Octubre era ver los últimos rayos de sol caer oblicuos sobre tu espalda, contemplar el color imposible que precede a la tormenta reflejado en el fondo de tus ojos, ponerse la pashmina y saltar, con las manos enlazadas, una veces sobre tus efervescentes charcos y otras sobre mis crepitantes hojas secas. Octubre era conjugar tu piel con mis manos y mi boca con tu lengua, encender la llama, frotarse, darse candela, mientras en la calle el viento silbaba hermosas melodías para bailar con los pies descalzos. Ahora octubre es ese triste mes vacío en el que resuena el eco de tus pasos esos días absurdos en los que mis labios aún te pronuncian.

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