Tango por una Cabeza
No son las tardes de domingo
lo que duele,
ni tropezar con tu ausencia
al darme vuelta en la cama.
No es la añoranza de tus besos tibios
sobre mis sedientos labios
ni la humedad de tu sexo
empapándome los dedos y la boca.
Ni siquiera el calor de tus pies
calentando los míos
en las frías noches de invierno.
Lo que duele,
aun sin parecer dolor,
son estas enmascaradas ganas de hacer planes,
discutir,
y saber que tras el enfado
seguiremos proyectando nuestros sueños en común,
ensamblando tu vida y la mía,
haciéndolas bailar seductoramente juntas,
como si se tratara de un viejo tango argentino.

Comentarios
Publicar un comentario