GRANADA... NADA, NADA, NADA
Ya no espero
el repiqueteo alegre de tus pasos por las calles,
ni los callejones son húmedos y oscuros laberintos
como el túnel de tu caprichosa boca.
Ya no te busco entre las empedradas callejuelas moras
ni tropiezo con tus labios
al doblar cualquier esquina.
Nada queda ya de ti y de mí,
ni de contigo,
en la ciudad de los atardeceres rojos.
Ya no juegan mis manos
a hacer sombras por tu piel desnuda,
ni resuelvo tus miedos y mis dudas
sobre el descabellado abismo de tu ombligo.
Vuelvo a ser extranjera bajo estos cielos.
Otra anónima y enjuta silueta más
que camina arrastrando los pies
hacia ninguna parte.
Nada queda ya de ti y de mí,
ni de contigo.
Ni siquiera los tristes escombros
de todo aquello que nunca fuimos.

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