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OCTUBRE

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Octubre era ver los últimos rayos de sol caer oblicuos sobre tu espalda, contemplar el color imposible que precede a la tormenta reflejado en el fondo de tus ojos, ponerse la pashmina y saltar, con las manos enlazadas, una veces sobre tus efervescentes charcos y otras sobre mis crepitantes hojas secas. Octubre era conjugar tu piel con mis manos y mi boca con tu lengua, encender la llama, frotarse, darse candela, mientras en la calle el viento silbaba hermosas melodías para bailar con los pies descalzos. Ahora octubre es ese triste mes vacío en el que resuena el eco de tus pasos esos días absurdos en los que mis labios aún te pronuncian.

Tango por una Cabeza

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No son las tardes de domingo lo que duele, ni tropezar con tu ausencia al darme vuelta en la cama. No es la añoranza de tus besos tibios sobre mis sedientos labios ni la humedad de tu sexo empapándome los dedos y la boca. Ni siquiera el calor de tus pies calentando los míos en las frías noches de invierno. Lo que duele, aun sin parecer dolor, son estas enmascaradas ganas de hacer planes, discutir, y saber que tras el enfado seguiremos proyectando nuestros sueños en común, ensamblando tu vida y la mía, haciéndolas bailar seductoramente juntas, como si se tratara de un viejo tango argentino.

BARRIO (I)

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Vivo en un barrio donde la gente se pasa meses estudiando catálogos, presupuestos y ofertas para poder cambiar las puertas de su casa, donde aún sobreviven platos naranjas y verdes de Duralex mezclados entre la vajilla lisa y opaca de Ikea, y donde la zapatera nunca va a juego con el escritorio o el sinfonier. En un barrio donde la gente madruga porque los trabajos con horario de oficina son para los vecinos de otros barrios donde no huele a lejía ni a lentejas estofadas... donde las tostadas crujen entre amarillentos y desordenados dientes, y en los patios de luces se escuchan las cañerías al abrir y cerrar los grifos; secadores, cisternas, risas, broncas y pedos, cual si fuera una película italiana en blanco y negro... Vivo en un barrio donde aún hay polvorientas orlas decorando las desconchadas paredes de esas orgullosas madres que jamás fueron a ninguna parte para poder pagar matrículas, créditos, bonos de transporte y fotocopias a esos hijos que ahora se acuerdan de llam...

LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO

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A cinco minutos en ascensor existen pompas de jabón que son palacios. Pequeñas burbujas alejadas de la civilización donde oxigenar estas ansiosas pieles que esperan con los poros impacientes por abrirse de par en par, mientras se empañan las cóncavas paredes de cristal con nuestro aliento, perdiendo definitivamente el mundo de vista tras el vaho. Te cambio un botón por piso, tu camisa por mis llaves, para subir del portal a tu nuca, de tu ombligo a la cerradura... Aprieta el botón de emergencia antes de quedarte en calcetines desafiando a la gravedad y a tus modales de niña buena. De la puerta hasta mi cama desnudándote a bocaos por el pasillo, rebotando de pared a pared y de tu pecho al mío. El gotelé clavándose en tu espalda, mis labios rodando de lunar en lunar, de tu barbilla al delirio que ronronea en tus caderas. Desabrocha el botón de tus vaqueros antes de que salten mis alarmas. De mi cama a la redención de tu cuerpo entregado a los capric...

...O CÓMO SE ME EMPAÑAN LAS PUPILAS CON TU ALIENTO...

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La vida es eso que pasa mientras tú te desnudas y yo observo, impaciente, desde el umbral del delirio, tus ingrávidos pechos apuntando hacia el hueco mudo de mis ávidas manos, justo en el punto exacto donde encajas en ellas para rimar conmigo. Llueve... tras los cristales llueve y yo me mojo de ganas de arrancarte a jirones la ropa con los dientes, con mis expectantes ojos que, a golpe de pestaña, abanican esos sudorosos poros que ahora se abren para zambullirme y bucearte por dentro, de tobillos a cabeza, del ombligo al corazón... y así, de esta manera tan egoísta, en el TÚ más tuyo encontrarme                     (qué cosas)                                       yo misma sentido.

ROMPIENDO ESPIRALES

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Cósete los labios y pégate la lengua al paladar. Apaga la luz, enciende las manos, cierra la boca y abre las piernas. Voy sin pudor alguno a desfragmentarme en tu piel. En camas ajenas, mejor no hacer preguntas porque las mentiras, en posición horizontal parecen menos mentira que bajo la verticalidad del día con el corazón con los ojos abiertos de par en par. No me busques, que me encuentras encima, debajo o detrás de ti. Es lo malo de las camas de noventa: las venden con las esquinas redondas  para dormir encogida o follar y, cómo te diría yo que arrastro un insomnio galopante. ¿Por dónde quieres que empiece? No, mejor no digas nada. No te pronuncies siquiera, porque no quiero saber ni tu nombre. Tómalo o déjame... Ahora me toca jugar a mí sin apostarme el corazón ni la cabeza. Así de clara. Así de concisa. Así de hija de puta soy. Después de todo, aunque nos seduzca la idea de sentirnos libres, de no darle e...

DENTRO DE MI PALADAR NO EXISTE EL TIEMPO

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Pronuncio tu nombre por el simple placer de sostenerte en los labios, mordiendo suavemente tus consonantes que se desgranan, sin prisa, en mi necia boca, sedienta de ti. Después cierro los ojos y desnudo tus vocales una a una, lentamente. Despacio                m u y   d e s p a c i o y con buena lengua. Si se resfría tu nombre algún día de verano échame a mí la culpa por pronunciarte.