OCTUBRE
Octubre era ver
los últimos rayos de sol
caer oblicuos sobre tu espalda,
contemplar el color imposible
que precede a la tormenta
reflejado en el fondo de tus ojos,
ponerse la pashmina
y saltar, con las manos enlazadas,
una veces sobre tus efervescentes charcos
y otras sobre mis crepitantes hojas secas.
Octubre era conjugar
tu piel con mis manos
y mi boca con tu lengua,
encender la llama,
frotarse,
darse candela,
mientras en la calle el viento
silbaba hermosas melodías
para bailar con los pies descalzos.
Ahora octubre
es ese triste mes vacío
en el que resuena el eco de tus pasos
esos días absurdos
en los que mis labios aún te pronuncian.

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