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Búscame al Calor de las Barricadas

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No sé si conocí tiempos mejores a este burdo tiempo en que vivimos o si fue la membrana ocul(t)ar de la inocencia que me distorsionaba el mundo de tal manera que donde ayer todo era sencillo y romo hoy sólo encuentro aristas que cortan las plantas de mis pies a cada paso... Y toca levantarse una y mil veces, hacerse fuerte al borde del abismo, dejarse la piel en cada nueva trinchera levantada aunque afuera no haya nadie, sólo la soledad y restos de metralla, y ese sabor metálico y seco que deja la pólvora suspendida en el aire al anclarse en el cielo de la boca... No sé si conocí tiempos mejores, pero un día tocó crecer y, al abrir los ojos, en lugar de querer cerrarlos para siempre, comencé a soñar de día y a dormir de noche, llevando como única bandera la derrota amarga de los segundos premios, y nunca, nunca jamás, torné al camino fácil y tranquilo... elegí ser torrente y no arroyo... hay que saber buscarse las propias pulsaciones y ya sólo me encuentr...

Autobuses de Vuelta a Casa

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Los músicos siempre suben en los últimos autobuses que hay por semana... con sus trencas a medio abrochar, exhaustos, con el instrumento a cuestas, la cara cansada y ensimismados, marcando el ritmo de sus pensamientos con el pie derecho... Si volviera a nacer, me gustaría saber tocar la guitarra... dejarme las yemas de los dedos pisando acordes mientras busco melodías imposibles... puntear arpegios hasta que la guitarra logre arrancarme quejíos ... gritar con sus seis cuerdas las cosas que siempre callo... Y subirme un martes cualquiera de invierno en uno de esos últimos autobuses que hay por semana y guiñarle un ojo a todo aquél que clave  su mirada en la puntera de mi zapato... zapato que, a tientas, marca en el aire el ritmo de la canción que nunca supe escribirte...

OCTUBRE

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Octubre era ver los últimos rayos de sol caer oblicuos sobre tu espalda, contemplar el color imposible que precede a la tormenta reflejado en el fondo de tus ojos, ponerse la pashmina y saltar, con las manos enlazadas, una veces sobre tus efervescentes charcos y otras sobre mis crepitantes hojas secas. Octubre era conjugar tu piel con mis manos y mi boca con tu lengua, encender la llama, frotarse, darse candela, mientras en la calle el viento silbaba hermosas melodías para bailar con los pies descalzos. Ahora octubre es ese triste mes vacío en el que resuena el eco de tus pasos esos días absurdos en los que mis labios aún te pronuncian.

Tango por una Cabeza

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No son las tardes de domingo lo que duele, ni tropezar con tu ausencia al darme vuelta en la cama. No es la añoranza de tus besos tibios sobre mis sedientos labios ni la humedad de tu sexo empapándome los dedos y la boca. Ni siquiera el calor de tus pies calentando los míos en las frías noches de invierno. Lo que duele, aun sin parecer dolor, son estas enmascaradas ganas de hacer planes, discutir, y saber que tras el enfado seguiremos proyectando nuestros sueños en común, ensamblando tu vida y la mía, haciéndolas bailar seductoramente juntas, como si se tratara de un viejo tango argentino.

BARRIO (I)

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Vivo en un barrio donde la gente se pasa meses estudiando catálogos, presupuestos y ofertas para poder cambiar las puertas de su casa, donde aún sobreviven platos naranjas y verdes de Duralex mezclados entre la vajilla lisa y opaca de Ikea, y donde la zapatera nunca va a juego con el escritorio o el sinfonier. En un barrio donde la gente madruga porque los trabajos con horario de oficina son para los vecinos de otros barrios donde no huele a lejía ni a lentejas estofadas... donde las tostadas crujen entre amarillentos y desordenados dientes, y en los patios de luces se escuchan las cañerías al abrir y cerrar los grifos; secadores, cisternas, risas, broncas y pedos, cual si fuera una película italiana en blanco y negro... Vivo en un barrio donde aún hay polvorientas orlas decorando las desconchadas paredes de esas orgullosas madres que jamás fueron a ninguna parte para poder pagar matrículas, créditos, bonos de transporte y fotocopias a esos hijos que ahora se acuerdan de llam...

LEJOS DEL MUNDANAL RUIDO

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A cinco minutos en ascensor existen pompas de jabón que son palacios. Pequeñas burbujas alejadas de la civilización donde oxigenar estas ansiosas pieles que esperan con los poros impacientes por abrirse de par en par, mientras se empañan las cóncavas paredes de cristal con nuestro aliento, perdiendo definitivamente el mundo de vista tras el vaho. Te cambio un botón por piso, tu camisa por mis llaves, para subir del portal a tu nuca, de tu ombligo a la cerradura... Aprieta el botón de emergencia antes de quedarte en calcetines desafiando a la gravedad y a tus modales de niña buena. De la puerta hasta mi cama desnudándote a bocaos por el pasillo, rebotando de pared a pared y de tu pecho al mío. El gotelé clavándose en tu espalda, mis labios rodando de lunar en lunar, de tu barbilla al delirio que ronronea en tus caderas. Desabrocha el botón de tus vaqueros antes de que salten mis alarmas. De mi cama a la redención de tu cuerpo entregado a los capric...

...O CÓMO SE ME EMPAÑAN LAS PUPILAS CON TU ALIENTO...

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La vida es eso que pasa mientras tú te desnudas y yo observo, impaciente, desde el umbral del delirio, tus ingrávidos pechos apuntando hacia el hueco mudo de mis ávidas manos, justo en el punto exacto donde encajas en ellas para rimar conmigo. Llueve... tras los cristales llueve y yo me mojo de ganas de arrancarte a jirones la ropa con los dientes, con mis expectantes ojos que, a golpe de pestaña, abanican esos sudorosos poros que ahora se abren para zambullirme y bucearte por dentro, de tobillos a cabeza, del ombligo al corazón... y así, de esta manera tan egoísta, en el TÚ más tuyo encontrarme                     (qué cosas)                                       yo misma sentido.