Sueños de Estribor
Me contaréis Nueva York
y yo seguiré soñando
sobre la espina dorsal de la Quinta Avenida
mientras camino descalza,
y con las manos en los bolsillos,
sobre la fría arena de esta gris playa del Norte,
mirando al mar,
escudriñando, absorta, mis sueños
que se diluyen, sin previo aviso,
tras la ilusoria línea del horizonte.
Cuesta, cada vez más, respirar
entre las asfixiantes calles de esta maldita ciudad
por la que es tan difícil perderse;
encontrarse consigo misma,
de frente,
al doblar cualquier esquina,
saberse el camino de vuelta a casa
y el número de baldosas sueltas
que bailan
bajo el eco mudo de estos pasos
que unas veces van con prisa
y otras,
con el tedio y la rutina incrustados en el empeine.
Me contaréis Nueva York
y yo seguiré mirando al cielo como única vía de escape,
soñando con subirme en todos los aviones
mientras hago barcos de papel con periódicos atrasados
en los que dice
que la tasa de paro aumenta por tercer año consecutivo,
que se agota el fondo de las pensiones
y que nos moriremos todos antes de asco que de viejos.
Y sonará la voz del Springsteen de finales de los setenta
lanzándole piedras a la quimera
del jodido y maldito sueño americano,
clavándose cada palabra ahí donde más duele.
Y me enjuagaré las lágrimas, como de niña,
con el raído puño de mi manga izquierda
mientras escupo mi rabia al suelo
porque vosotros me contaréis Nueva York
y yo sólo podré contaros,
como mucho,
hasta cinco.
María Fdez Orviz
(Xixón 7.07.2017)

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